Y ya no siento... ¿nada?.
... ¿un te quiero?, perdona, pero ya no me lo creo.
¿Verte?, me resulta casi indiferente...
¿Saber que estas con otro?, allá tú y tu suerte.
Ahora, y a esta hora, me doy cuenta que yo por mi parte no he hecho nada mal, ¿perdí la cabeza? si, ¿por ti?. No, por lo que creí amar... pasa palabra.
Quizá te valoré demasiado, más de lo que merecías. ¿Me arrepiento?, no. Hice en todo momento caso a mi corazón, al igual que ahora, y lo que el me ha dicho durante mucho tiempo, y cada vez en voz más y más alta es, algo duro, pero cierto, como todas las verdades de este mundo. Y es, que tú no me amabas, y quizás ni me querías, fui un juguete nuevo, una droga que probabas por primera vez, una prenda nueva que te compras con ilusión, que usas cada día, y... cuando se desgasta por los lavados, prefieres tirarla y cambiarla por otra mejor.
Eso hiciste conmigo durante un año, lavarme cada día, hasta desgastarme, hasta dejarme sin color, con las costuras rasgadas, y con algún roto profundo, por urgar demasiado en pequeños agujeros que aparecieron derepente.
Dicen que cuando mas te agachas, el impulso es mayor, y el vuelo superas las nubes, y tú, aún, no me has visto ni despegar mis pies del suelo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario