viernes, 28 de diciembre de 2012
Al mismo cielo te llevé,
cada noche una estrella que te iluminaba te entregué.
Envolví mi corazón y te lo regalé.
Mi vida la vendí para poder llevarte a cenar.
Mis sueños se convirtieron en tus te quieros.
Mis mañanas fueron tus sonrisas y mis noches tu pecho.
Vendí mi alma al diablo por tenerte de mi mano.
Me hiciste sentir vivo a tu lado.
Nos creímos perfectos retando al mismo diablo a separarnos.
Me enseñaste que se puede llorar también de alegría.
Me hiciste creer que estaría a tu lado eternamente...
Cerré mis ojos, agarré tu mano y eché a volar contigo, tan alto que a tu lado cualquier monumento se quedaba pequeño.
Todo era perfecto, pero decidiste soltar mi mano y dejarme caer mientras volvavas a mi alrededor.
Intenté agarrarte, pero no me dejaste.
Supliqué que me agarraras, pero decidiste dejarme caer.
Intente volar por mi cuenta, pero arrancaste mis alas.
Ahora en el suelo todo es frío, no hay noches durmiendo en el cielo, no hay momentos llenos de estrellas alumbrándonos.
No hay mañanas por que no hay sonrisas, todos son noches pero no son en tu pecho.
Intento volar a tu lado, pero tu mano ya no está.
Me duele pensar que ya no quieres compartir tu cielo conmigo, que ya no quieres tenderme tu mano, que ya no quieres alumbrarme con tu luz...
Hoy me armo de valor para decirte que te dejo volar, bate tus alas tan rápido como puedas y ve al cielo, al mismo que compartimos juntos alguna vez.
Yo recordaré que alguna vez fuí un ángel. Que me hiciste un ángel, aunque ahora soy un simple mortal.
Desde la tierra cada día miraré al cielo sabiendo que estas ahí en algún lugar, volando solo o acompañado, pero volando, por que eres un ángel, mi ángel.
Y si algún día decides surcar los cielos conmigo, sabes que estoy aqui las 25 horas del día.
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